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Puntos de vista.

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Estoy triste, sólo triste.

Hoy por la tarde llevaron a la veterinaria un Pitbull, cachorro todavía, con la idea de dormirlo por no saber qué hacer con él, ya que era muy agresivo… Indudablemente mi jefa dio negativa y mencionó que en esa veterinaria no podía asesinar a un perro sino fuese bajo circunstancias graves como enfermedades terminales o bien, alguna enfermedad crónica que sólo ocasione dolor al pobre animal.

Por mi parte, yo mencioné sobre un programa de rehabilitación para el cachorro, pedí datos y quedé en regresar una llamada informando sobre dicho apoyo para rehabilitar.

Mientras tanto por la tarde, y antes de conseguir los datos de la persona que se encargaría de “salvar” al mencionado perro, fui a la “Exposición ganadera”… donde había centenares de ejemplares de rumiantes, equinos, caprinos, suinos y aves… Ya sabrán cómo: Enjaulados, tatuados, en posiciones incómodas o sirviendo de mero entretenimiento visual y para algunos, de forma interactiva… ¿Saben que tenían dos leones en exhibición? La leoncita bebé que tenían “para la foto” tenía una cara de tremenda tristeza que de verdad no supe qué decir… Caballos en jaulas pequeñas, olorosas, sin agua y seudo-comida… Vacas amarradas, tatuadas, destinadas al provecho del ser humano. No se diga de los pollitos que regalaban al mostrar tu ticket de entrada a la Mini Granja…

Cabe mencionar que fui a esa cosa porque en la escuela me dejaron la tarea de recopilar fotografías de la “ambientación” para cada animal… y bueno Are you fuckin’ kidding me? Yo sólo vi jaulas, aserrín y cuerdas muy bien amarradas… Vaya ambiente.

Posteriormente, llego a mi casa y marco a la persona que llevó su pitbull a “dormir” para pasarle el número de la chica que la ayudaría a rehabilitar a su perro, para saber que simplemente tomó la decisión de matarlo y no buscó otra solución.

Ahora bien, mi pregunta es… ¿qué es mejor? Una vida de martirio como la que tiene el ganado bovino, caprino, porcino o algunos otros animales… o… morir porque el humano fue suficientemente estúpido como para crear un “monstruo” que después no sabe controlar…

Yo ya no sé qué pensar… Pero me siento triste, y eso es lo único que por el momento sé con certeza.

Buenas noches.

Memorias rotas

Entonces cruzamos miradas. De esas miradas que con antelación sólo compartían amor y calor…

Fue ayer en el parque, cuando ambos caminábamos en dirección opuesta, nos detuvimos, clavamos nuestros respectivos ojos uno en el otro, y entonces todo se tornó gris, y sin pensarlo, casi al mismo tiempo, los dos bajamos la cabeza y tú comenzaste a caminar. Tu hombro por poco rozaba con el mío. Yo no pude moverme. Cerré los ojos y los apreté fuertemente hasta que el triste líquido que todos conocemos inició su recorrido lenta y dolorosamente por mis mejillas. Mis manos estaban aún más fuertemente apretujadas formando un puño y quise hablarte, en verdad quise hacerlo, pero mi lengua se opuso y lo único que supe hacer… fue llorar.

No siempre fue así…

Todo comenzó hace cuatro años cuando recién ingresé a la universidad en la que tanto había deseado ser admitida. Siempre fui amante de la pintura y el arte en general. Un pincel y pedazos de papel era suficiente para mantener mi alma en paz. Así que, sin más rodeos, mis estudios eran enfocados a las bellas artes que enfrascan la pintura en distintas técnicas, así como dibujo, música y de vez en cuando fotografía y quizás escultura… Ahí fue donde te conocí. Un muchacho delgado, alto, piel casi dorada, de nariz grande y llamativa pero que jamás, de ninguna manera, entorpeció tu exquisita belleza. Aún me recuerdo corriendo por el pasillo central, rodeada de extensas áreas verdes decoradas y retocadas por el buen gusto de algún artista, y estabas ahí, sentado en una banca de concreto, con los ojos cerrados y sonriendo. No lo pude evitar, así que me detuve y te miré, sonreí también y proseguí mi camino.

El destino no se hizo esperar como yo lo había planeado en mi nuevo mundo, ahora llamado Universidad, me senté en una de las bancas ubicadas al centro del salón de clases, acomodé un poco mis cosas y respiré profundamente. Los alumnos comenzaron a ingresar al aula y de pronto mi respiración se detuvo repentinamente pues eras tú desfilando por la puerta, serio, y con los ojos prácticamente en blanco; y como bien mencioné la palabra destino, éste entró en acción y te sentaste a mi lado.

No pude evitar voltear a verte de manera discreta, era agradable cruzar mis ojos con todo tu rostro, tan bello, con facciones tan finas casi femeninas que provocaban un exalto extraño en todo el recorrido de mis nervios a través del cuerpo. Excepto esa nariz, tu nariz inconfundible que nunca pude evitar mencionar. Giraste tu cabeza, y sin decir nada sólo moviste los labios y formaste la palabra “hola”, me impacté y rápidamente volteé hacia la pizarra, reí un poco a causa de mi torpeza, regresé mi cabeza y contesté de la misma manera… Sólo moví mis labios y construí la palabra “hola” sin despedir sonido alguno que arruinara el momento que sin pedirlo, simplemente se edificó…

Continuará…

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No me mires, no soy humano.

Los seres humanos estamos repletos de pensamientos que inundan nuestra cabeza, día a día y quizá muchas veces sin siquiera razonar. El humano, científicamente denominado como Homo Sapiens (hombre pensante/hombre sabio), me lleva a una incógnita particular que deseo tratar en este espacio. No quisiera desviarme de la intención que se supone debería absorber un discurso de índole jurídico, mas sin embargo me es casi imposible no retomar ciertos puntos para aquello que planeo que indudablemente los dejará convencidos de la realidad.

No mires a los animales, humano pensante, ellos no razonan ni necesitan que se les concedan derechos que nunca podrán utilizar, como lo decía Norbert Brieskorn, un filósofo jurídico que como tú y yo, no miramos a los seres no pensantes.

Sabemos bien, de la existencia de la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, constituido por catorce precisos y concisos artículos que nos impulsa y encamina al cuidado y respeto por los animales. ¿Pero para qué, “criatura sabia”? Los animales carecen de emociones y sentimientos, ellos no podrían dirigir una guerra burda para apropiarse del petróleo de su hermano bendecido con ese compuesto orgánico. Incluso ellos, en su falta de inteligencia, no alcanzan a distinguir esa notoria diferencia de clases de animales, como lo son los carentes que picotean entre la basura buscando comida, ellos, en su estupidez, se creen iguales ante un animal doméstico que duerme y descansa en una gran casa llena de amor y lujos que sólo él podría lograr. No, vaya, ellos no son como nosotros, nosotros en cambio tenemos la sabiduría exorbitante para saber distinguir entre pobres y ricos, pero qué asco, ¿lo imaginas? ¿Yo creer que todos somos iguales? Eso es cosa de animales irracionales.

Ahora que ha quedado claro, quisiera plantear lo siguiente. Aquí en Jalisco, se aprobó una Ley de Protección a los animales en el Estado, setenta y cuatro artículos relacionados con seres que nunca podrán leerlos y mucho menos llevarlos a la práctica. ¿Y qué pasa? Pasa que ustedes los pensantes no se detienen a mirar a otro ser. Un ser que necesita tantos cuidados y amor como aquel bebé abandonado por su desalmada (pero pensante) madre que lo ha dejado sólo porque el pequeño ha cometido el error de haber nacido, como todos aquellos animales maltratados que tú y muchos otros, aborrecen.

¿Que qué tiene que ver con lo jurídico un puñado de engendros que no saben firmar y cobrar como ustedes lo saben hacer? Mucho, yo diría bastante. Se sanciona de diversas maneras al pensante que ha decidido matar a golpes a un pobre muchacho que no quiso cederle el derecho de posesión del teléfono móvil que con arduo trabajo acababa de comprar. Pero, a diferencia del vecino malhumorado que patea hasta al deceso a su aun fiel can, que hasta ahora llevaba como nombre “imbécil” sólo por repetición, se le ha cobrado una sanción de cinco a veinte días de salario mínimo y un guiño repugnante bañado de burla, para que justo dos semanas después, llegue otro cachorro a compartir el mismo destino que Imbécil ganó mientras vivía.

No, humano, la cosa no es así. En Jalisco se necesita una mente abierta y consciente que se anime a amar las cosas bellas que nos han otorgado. No es posible que tú, ser empapado de sabiduría necesites de leyes y no de consciencia. No estoy pidiendo la condena a muerte, sólo pido exhaustivamente que evitemos la indiferencia. Cuántos de ustedes desconocen sobre leyes y reglamentos relacionados al cuidado y respeto de estos seres. No cuesta nada denunciar a tu malhumorado vecino ante la Autoridad Competente, evitando el sufrimiento de un pequeño e indefenso ser vivo que ni a ti ni a nadie ha causado daño.

En la República Mexicana, afortunadamente, contamos con ciudadanos descuidados e imprudentes, pero que no llevan a cabo esa crueldad increíble que en otros países sí llegamos a ver a través de las noticias. Pero si bien no somos dueños de tal impiedad, sí somos propensos a olvidar que un perro o un gato puede sentir el dolor, la angustia, el miedo y sobre todo el abandono, porque ¡vamos!, como ser intelectual y más avanzado que ellos conoces perfectamente que sus cuerpos se encuentran llenos de terminaciones nerviosas, músculos, huesos, órganos y muchas otras cosas que se supone bien sabes, también posees. ¿Entonces por qué negarle una sanción privativa de la libertad, a alguien que se mofó ante un gato que ahora no puede moverse porque sufre de inanición?

El derecho mexicano es perversamente bello mientras se encuentre bajo la pura redacción. Sé de los corruptos, del cohecho, de los chantajes y del tormentoso sistema que aborrezco, que ni entre ustedes los pensantes logran solucionar. Pero no he perdido la fe, sé que muy dentro de todos existen aún algunos valores como la caridad, tolerancia y respeto. Dentro de mí, creo firmemente que no puedes ignorar por completo a un animal que sólo pertenece a otra familia, porque al parecer a ti se te olvida lo que los científicos manejan sobre ti, también eres un animal.

Te invito ciudadano a la información, a disminuir el grado aberrante de ignorancia, que aunque como algunos aseveran, es prácticamente infinita, sé que con esfuerzo y sobre todo mucho corazón, todos llegaremos a entender que otro ser vivo, sólo por el hecho de encontrarse  compartiendo el planeta Tierra contigo, merece respeto,  leyes que lo amparen, sanciones que readapten a las personas a una sociedad donde los animales deben ser amados y no golpeados. Debes entenderlo, agradecerlo. Pero vaya, qué estoy diciendo, casi olvido el punto primordial, no los mires, no son humanos.

– Tania Lomelí